2 de septiembre de 2012

Barrote vil

Para mi abuela


El mundo exterior es para ti
lo que se ve por tu ventana.

Te sabes de memoria
cada ráfaga de viento
y el recorrido que hará
cada persona que pasa
- y no te ve- por la calle.

Tu pequeño mundo son
setenta metros de  sintasol caduco
en torno a una televisión
que se oye desde lejos
y un pajarito enjaulado
que pía:
      "dadme amor y cariño,
        dadme amor y cariño"
                             como tú.

Cada día te sorprende
el lento despertar de tu alma
dentro de los barrotes de tu cuerpo
como ese regalo de cumpleaños
                   que no esperas.
Y respiras hondo, desconfiada,
y te tocas el corazón inventándole
un latido que ya no oyes pero
tiene música de orquesta.

Aislada  por ochenta escalones sin ascensor
y con noventa y muchos cargados en tu espalda,
las horas del reloj no son exactas
y cualquier coincidencia entre tu calendario
y ése de propaganda que cuelga en la pared
es pura casualidad.

Por eso me gusta ir a verte.
Porque me importas.

El brillo inusual que le da
una visita inesperada a tus ojos
no se lo dan los años
cuando te los quitas.

Tienes las manos frías.
En tu mirada acuosa
hace el pasado ecos.
Tu pelo es campo blanco
donde enredar los dedos.
Tu piel lleva las olas
en donde naufragaron
los más duros recuerdos.

Yo te hablo todo el rato
y tú haces que me escuchas.
A veces sólo asientes,
porque no oyes mi voz
pero sientes mi presencia
y te sonríe el alma
como cuando eras niña.

               ( Poemario: " Las mariposas no entienden de semáforos")